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Del Archivo

de Merlín

  


En el Templo provisional que adaptaron Merlín y sus hermanos para dar la Enseñanza, se han dado casos especiales y en la búsqueda de encontrar las causas por las que dan, se preparan para limpiar el ambiente.

El Iniciado ordenó con anticipación que se preparara fogón con carbón que Urbin ha colocado en la parte de Occidente. A Ralph le tocó preparar el agua; en una cubeta de buen tamaño vertió en el agua un octavo de litro de amoniaco, éter cinco mililitros con esencia de canela. A Irvin le toca tener dispuestas las campanas.

Merlín, mientras tanto, prepara su ropaje: Túnica blanca para intensificar la fuerza de su Luz, cinturón rojo para protegerse de cualquier presencia y cubre su cabeza con un turbante morado para transmutar las fuerzas negativas. Al estar preparado, acude al Templo para comenzar los trabajos de armonización.

Le explica el Iniciado a Urbin el significado del saumerio: "Aromatizar el ambiente con las yerbas es importante porque ocupan el espacio de cuerpos lábiles, empujándolos al exterior para lograr un efecto de liberación, estas deben de tener aroma dulce, como es el caso del roble, por eso se usan sus virutas, del sándalo, el ámbar y el almixcle que vibran más alto y provocan que ¡salgan huyendo!, las presencias de la obscuridad".

Indica que por ello, se debe provocar que el lugar se llene de humo que se genera en el fogón al quemar la mezcla y "entonces, abrimos la puerta rápido y lograremos que sean expulsadas".

Sobre el agua preparada, Merlín explica: "Es mi querido Urbin, para que, si existen presencias demoniacas estas se expulsen también, la fuerza de la vida, recuerda, es el agua. El amoniaco y el éter son el espíritu que le dan fuerza y no lo soportan. ¡Les quema, atormentándolas de tal manera que con esto, logramos mucho poder".

Las campanas, dice, "son la octava nota a la Divinidad. Al tocarlas generamos un campo de protección invitando, con él, a que las presencias de Luz Divina lleguen a nuestro auxilio y a proteger el lugar".

Para provocar un barrido del ambiente, el Mago les indica que se utiliza un ramo de pirul. "Así es, que no damos ninguna oportunidad para que algún espacio les sirva para ocultarse. Antes de comenzar, siempre se pide la Fuerza Divina".

Los hermanos reunidos cierran los ojos y se disponen a pedir la Luz de Protección y el Poder de Liberación. Todos repiten al mismo tiempo, a la voz de Merlín:

"Yo soy en mi, Poder Divino de la Fuerza en el Amor de Dios. Yo soy en mi la Divina Presencia que ilumina, libera y sana. Yo creo en mi con Dios. Yo soy hijo de Dios, soldado de la Luz, Espada de Luz y Poder, Fuerza Divina que mi Padre me otorgó. Yo soy Fe en el Poder de Dios. Yo soy soldado de las huestes de Dios, preparado con la Espada Flamígera del Amor y el Perdón. Sea en mi, entonces, al servicio de mi Fe".

Merlín respira profundo y sus hermanos le siguen. Entonces, pasa a colocar los inciensos en el fogón y en lo que se va llenando, entonan un canto: "¡A la Luz! ¡A la Luz! ¡A la Luz!" Una y otra vez lo repiten hasta que se inunda el recinto del humo. Con su báculo, el Iniciado levanta su mano en dirección a Occidente para abrir las puertas por donde saldrán todas las fuerzas, presencias y entidades negativas.

Irvin repica las campanas para que no se detengan. Una vez que ha ido bajando el humo, Ralph comienza a aventar el agua con el ramo de pirul y siguen cantando: "¡A la Luz! ¡A la Luz! ¡A la Luz!", aventando al techo, al suelo, sin dejar un solo espacio para que llegue el poder de su elixir preparado.

No suspende el toque de las campanas. Cuando ha terminado de rociar, sale por la puerta de Occidente para inundar los demás recintos con el agua y las campanas. Urbin se queda solo y siente un mareo especial, para él no desconocido: Se llena de gozo y comienza a ver como soldados van detrás de sus hermanos.

Portan una vestimenta especial: Es plateada con visos azules y pegadas al cuerpo. No llevan cubierta la cabeza pero un campo de luz dorado les protege y observa que entre sus manos, sale una luz anaranjada, roja y amarilla en forma de espadas, ¡son muy grandes y de mucha fuerza!

El adepto se maravilla de lo que está presenciando: Un ser es tocado por una de esas espadas y se desintegra y cambia el tono de la luz de anaranjado a azul, el rojo a violeta y el amarillo a blanco. "¡Que belleza!", se dice y no mira cuándo terminen. Algunos van en corceles blancos con alas, ¡pueden volar! "¡Sus caballos pueden volar!", piensa entusiasmo el adepto, y al mover sus alas sueltan un polvo dorado que se esparce por todo el lugar.

Urbin mueve las fosas nasales al percibir un aroma a rosas y se extasia de él. No toma en cuenta el tiempo que ha transcurrido cuando escucha nuevamente la voz de Merlín que le hace salir de su ensimismamiento que le había distraído: "¡Urbin! ¡Urbin! ¡Urbin!", le grita el Mago, "tapa el fogón para que se apague. ¡Te vas a asfixiar si no te haces a un lado."

Reacciona ante la orden y expresa: "¡Maestro! ¿Acaso no percibe el olor a rosas?" Entonces, Merlín pone atención y comenta: "¡No! No es rosas, es a jazmín". Ralph interviene y señala que "no es a jazmín. Es olor a pino" mientras que Irvin añade: "Para mí, es un aroma de heliotropo".

Todos se ríen porque lo perciben en forma diferente, cada uno de ellos, debido a sus niveles de vibración personal. El Guía invita a los hermanos a colocarse nuevamente en el lugar que les corresponde y cierra dando las gracias: "¡Gracias te damos Padre, por habernos permitido llevar a cabo estos trabajos!"

Prosigue: "¡Expulsar al enemigo que nos provoca disturbio y confusión! ¡Gracias Padre, porque permites que me confirme en la manifestación de tu amor con la presencia de la Divinidad del Espíritu", y todos, a una voz repiten: "¡Gracias damos!" Cierran las puertas y salen satisfechos de sus trabajos.

Urbin le comenta a Ralph: "Creí que era m{as elaborado armonizar el recinto y sin embargo, es muy sencillo. Creo que deberíamos de hacerlo más seguido".

Ralph responde que "entre m{as sencillo, un ritual, es más puro, porque tienes más discernimiento de lo que estás haciendo. Cuando se alarga demasiado, te pierdes en los horizontes del pensamiento y puedes ser atrapado por alguna fuerza negativa. Así que, esa es la razón por la que es tan sencillo, lo importante es la esencia del trabajo. Pero, dime, ¿qué observaste?"

De inmediato responde el interrogado: "Vi soldados. ¿Muchos soldados de la Luz! Y se inundó por completo el salón. Iban detrás de ustedes. Algunos estaban montados en caballos con alas. Es la primera vez que los observo y son muy hermosos".

Ralph le bendice: "¡Benditos sean tus ojos que pueden ver lo invisible!"

Merlín les pregunta: "¿Díganme, a qué atribuyen los olores que percibimos?" Urbin responde rápidamente: "¡A que no estábamos solos! Soldados de la Luz nos acompañaban".

El Guía afirma: "Es cierto. ¡No estábamos solos! Recibimos ayuda de los ángeles y ese aroma que percibimos era el efecto que provocaba la conjunción de su energía con la nuestra. Así que ya saben a que huelen". Se miran unos a otros y se ríen.

Marcia se aproxima a ellos para preguntarles: "¡Maestros! ¡Que bueno que ya salieron! Estabamos muy preocupados por todo el ruido que escuchamos". Irvin le cotesta que "eran las campanas que se deben repicar constantemente".

Con mirada de desconcierto la mujer inquiere: "¿Campanas? ¡Nunca se oyeron sonidos de campanas". Irvin se inquieta y replantea: "Entonces, ¿qué escucharon?" La joven explica: "Aullidos, lamentos muy feos que enchinaban el cuerpo. Y parecía que estuvieran correteando a alguien o a varios. Y muchas voces, ¡muchas voces!, que repetían ¡a la Luz!".

Urbin le comenta a Merlín: "Yo no escuché nada de eso, Maestro. Ni tampoco vi a los ángeles estar corriendo atrás de los obscuros. ¿Cómo estuvo eso?" El Iniciado responde: "Bueno, mi querido hermano, tú observaste en un plano de luz diferente, agradable a tus ojos y ella escuchó lo que estaba sucediendo en otro plano dimensional que es el de la baja y que conocemos como la Cuarta Dimensión".

El adepto abre desmesuradamente los ojos y pregunta: "¿Qué significa eso, Maestro?" El Iniciado le dice que recuerde que en la Cuata Dimensión "existen diferentes niveles, al igual que en la tercera; la vibración baja es en donde habitan seres obscuros, en el segundo plano se encuentran los de vibración nivel cuatro o bien tono opaco, en el plano tres se encuentran las almas extraviadas que por su falta de razonamiento no logran abrirse camino".

Abunda en su explicación: "En el plano cinco nos podemos encontrar a los habitantes elementales. En el plano seis nos encontramos con hermanos que han partido y que descansan hasta que los llamen. En el plano siete se encuentran los ángeles que son los vigilantes del orden y que tú observaste como soldados. Así que ya sabes, ahora, de lo que estamos hablando".

Ralph le pregunta a Marcia, retomando la versión: "¡Y todo el tiempo escuchaste lo mismo?" Responde la mujer: "¡Oh, no! Llegó un momento de mucho silencio. ¡Un largo rato! Y es por eso que nos preocupamos por ustedes, ¡que algo les hubiese pasado! Y estábamos ansiosos porque salieran".

Urbin le comenta que "nunca dejamos de cantar y repicar campanas", una frase que llama la atención de Merlín quien expresa: "El plano octavo de la Cuarta Dimensión la conocemos como la del silencio". Lo único que hace Urbin es una exclamación: "¡Ah!", y entendió, entonces, que había logrado una buena armonización del Templo de Enseñanza.

El adepto mira a su Maestro y pregunta: "¿Existen más planos?" Comenta Merlín: "¡Sí! Pero esos te los voy a platicar en otra ocasión".


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