Make your own free website on Tripod.com

Del Archivo

de Merlín

 

 


Merlín se encuentra reunido con los Hermanos que al lado de él llevan la buena dirección de la hermandad que han establecido, analizando el progreso de la misma y las facultades que pueden desarrollar en cada uno de los miembros. Los problemas se resuelven fácilmente pero se encuentran ante una fuerza negativa que les ataca y les ha dificultado integrar el poder de la hermandad.

Merlín les comunica: "he estado pidiendo el auxilio de nuestros hermanos mayores para lograr unificarnos, pero aun no he tenido respuesta y siento que la fe se pierde en nuestros hermanos por las dificultades a las que se enfrentan""

Ralph le pregunta: "¿Qué ha acontecido, querido hermano que yo ignoro en este momento? Creí que íbamos superando los problemas. ¿A qué dificultades te refieres?".

El Iniciado le responde: "Los problemas internos de nuestros hermanos se han venido dando en una forma inusitada. Pero siento que es una fuerza ajena a nosotros y no he logrado definirla. No he percibido por donde llega."

Menciona el adepto la posibilidad de que "alguien nos está atacando y busca destruirnos. Recuerda a la sacerdotisa: ¡Está molesta y con mucha envidia! Yo creo que es ella".

Contesta el Maestro: "Sí. Puede ser un canal por el cual nos estén atacando. ¿Pero, cuál es la fuerza que utiliza qué es para mi desconocida?"

Irvin interviene: "Lo importante es neutralizarlo, porque las dificultades en los jóvenes, puede llevarlos a la renuncia".

Ralph argumenta de inmediato: "Bueno, hay que recordar que se quedarán los que tengan que estar. Los que son firmes del corazón. Los débiles son fácilmente gobernables y tienen que partir. Alimentarles en la fe, es importante y el que se confirmen así mismos al despertar del Espíritu, es individual. ¡Solo los fuertes se quedan! Las tentaciones y los golpes llegan a ser duros pero no les destruye, así que, yo creo, que más bien deberíamos de ver que es realmente lo que ataca a la Hermandad y su verdadera intensión".

Merlín les comenta que él ha estado analizando los acontecimientos y que uno de los síntomas que se han presentado más, es el de la competencia, pero que no es en forma sana, si no el de la envidia que busca el poder sobre los demás y provoca obstáculos hacia sus compañeros y es lo que les dificulta crecer.

Ralph reflexiona y expresa: "Les hemos preparado para superar la envidia. Si no hacen uso de las herramientas que les hemos dado, ellos mismos están dando entrada a verse obstaculizados."

La respuesta de Merlín es afirmativa: "¡Sí! Eso es cierto mi querido hermano. Hemos trabajado ensayos para fortalecerlos en el espíritu y les hemos indicado formularios de liberación a través de las yerbas. ¡No están limitados para hacer uso de esto! ¿Pero, qué les impide actuar? ¿Qué es lo que enfría su corazón en el conocimiento adquirido?"

Irvin añade: "Además, también les hemos guiado en la semilla del Amor Divino. La han vivido. No es posible que esto lo olviden como para que la envidia o un mal pensamiento les doblegue tan fácilmente. Estarán pasando por un momento de tribulación. Eso es seguro."

"No", responde Merlín, "ya pasamos por Tribuna y recuerda que es allí en donde llega la tribulación y la duda. El reconocerse como causa es lo más difícil. Pero pareciera que en todos se está marcando este bloqueo y no alcanzo a entenderlo. Destruimos la presencia de la mentira y nos volvemos verdaderos. Y así ellos, también han de hacerlo".

Pregunta Irvin: "¿Algún síntoma común que se haya presentado al mismo tiempo en todos los hermanos? ¿O algo que se relacione? Debe de existir una partida común. Recordemos que habrá contaminados. Quizá, eso, no lo consideramos bien en un principio, al haber permitido la entrada a todos en forma indiscriminada y es en donde nos descuidamos, ¡en no ser más selectivos!"

Merlín escucha atento y responde que todos los seres humanos tienen la oportunidad del Encuentro, y que esa contaminación de la que habla, si bien es cierto que existe, también es cierto que se va rompiendo en sus reconciliaciones, "a menos, claro está, que exista alguno que sea demasiado deshonesto, empero ¿engañarnos a todos? ¡Definitivamente eso no es posible! Np creo que sea por allí."

Indica que puede ser algún adepto que dio entrada en su ser a una presencia obscura y que golpea a los jóvenes, "pero tenemos que descubrir cual es su fuerza, su intensión".

Ralph que se muestra atento y reflexivo, propone: "Hagamos un círculo de unidad y pidamos el Mensaje. Urbin puede ser el receptor. ¡Llamémosle ahora!" Y así lo hacen.

Una vez reunidos, los hermanos encienden sus velas, sus inciensos, preparándose al encuentro del Espíritu. Abren trabajos y Merlín comienza la oración:

"Luz Divina de iluminación y sabiduría, llega a nosotros para abrir nuestro entendimiento y encontrar la verdadera razón de las cosas. En mi angustia la verdad y en mi causa la responsabilidad, pidiendo perdón de antemano por no tener la capacidad de la consciencia para descubrir lo que está pasando. En el Amor Divino, la fuerza del conocimiento, Potestad verdadera. Fluye en mí y abre mi entendimiento y tenga la verdad de las cosas".

Prosigue en su profunda concentració9n: "En mi angustia, sea la fe al enfrentamiento y en la causa trascienda con el perdón y destruya yo, lo que se opone en este momento. A mi llegue la luz de la iluminación de la sabiduría." Repitiéndolo una y otra vez, lo van siguiendo los hermanos con la esperanza de recibir respuesta y de que Urbin pueda descubrir a lo que se enfrentan.

En eso, Urbin empieza a respirar agitadamente. Los hermanos no interrumpen la oración, ya que saben que su cofrade se encuentra en un enfrentamiento y que si interrumpen, pueden dañarle. Un sudor frío perla su frente. Comienza a toser y todos, con firmeza, siguen repitiendo la oración, sosteniendo y cubriendo con energía a su hermano, hasta que se calma. Se ve muy pálido y sin fuerza. Comienza a hablar:

"Es un ser grande y fuerte que me estaba asfixiando. Me cubría los ojos. Sus manos flacas, huesudas, pero brillantes a pesar de que se veían muy oscuras, emanaban luz. Su manto es negro y cubre su cabeza. Cuando intentaba verle la cara para reconocerlo, me golpeaba. ¡No era fácil! ¡Sentía como me revolcaba con su energía!"

Prosigue: "Alcancé a ver sus ojos: Eran rojos, obscuros y brillantes, pero la cuenca muy profunda. Muy afilada su cara. Se le marcaban los huesos. En un momento pensé que era una calavera pero tiene piel y se ve muy viejo. Su burlaba de mi. ¡Había momentos en que me hacia enojar! Pero descubrí que al enojarme, él lo disfrutaba."

En su narración señala que en ese momento, "pensaba en el amor, ¡en el Amor Divino! Y al aventar la energía del amor divino vi que se alejaba. Es un ser muy fuerte, muy malévolo pero no me dio pensamiento alguno. Pregunté: ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Qué buscaba? Y nada respondía. Solamente se reía. Es fuerte, Maestro, ¡muy fuerte! Pero no comprendí que era."

Todos se sienten sobresaltados por lo que vivió el joven Urbin y le pregunta Ralph: "¿Cómo te sientes ahorita? ¿Te duele algo? ¿Algún síntoma ajeno a ti?" Y el adepto responde que está bien, ya que cuando generó amor divino, esa presencia se alejó. Que notó que en los momentos en que dudaba en el poder del amor divino, ese ser le atacaba con mayor facilidad, así que lo ignoró y no pensó que fuese grande y fuerte, simplemente, que el Poder del Amor Divino es Absoluto y "me siento bien. ¡Muy bien! Me siento contento."

Voltean a ver a Merlín y le observan con el rostro triste. Irvin interroga a su Guía: "¿Qué pasa Merlín, no estás contento? ¡Obtuvimos respuesta!"

El Iniciado responde: "¿No! No obtuvimos ninguna respuesta. Esa presencia también se me presentó cuando estaba meditando y no obtuve respuesta. Lo que es cierto, es que no me atacó. ¡Solo me miraba! Cerré y punto. Así que no sabemos que es."

Ralph le recuerda: "Debemos de estar unidos para impedir que entre en nosotros y lograr descubrir de qué manera vencerla. Seguramente es una fuerza infernal y está en nosotros destruirla."

Urbin observa de inmediato: "Lo que noté, cuando aventaba el Amor Divino, a diferencia de otras ocasiones, es que no se desintegraba, aunque la apartaba y se alejaba pero no se desprendía, de ahí que yo entienda que es algo muy fuerte."

"Con mayor razón debemos mantenernos unidos", comenta Ralph mientras que Merlín les invita a cerrar los trabajos dando gracias por los logros alcanzados e invita a los hermanos a retirarse a su descanso. Urbin anima a su Maestro que ama tanto: "Maestro, ¡usted puede descubrirlo! ¿Por qué se preocupa tanto?"

Pensativo, Merlín le indica: "Porque no nos ataca a nosotros, sino que busca como objetivo a los jóvenes. Y no sé de que manera logra influir en ellos. ¡Nunca lo había yo enfrentado!"

Urbin insiste: "Pero usted es el guía y ¡todos tienen fe en usted! No puede dejar que noten que se siente débil, porque eso los desilusionaría." El Iniciado concede: "Lo sé Urbin, lo sé." Se separan para así, irse cada uno a sus aposentos.

Merlín no está satisfecho y sigue en oración, cuando en eso, una voz le responde: "Se llama ¡Maldad! Y está adentro de los hombres. Está en la sangre y es de ahí, de donde debe ser expulsada. La maldad es la que se ha encargado de destruir al hombre. El que los ha enemistado con Dios. El gobierno de ella sobre ustedes va a depender de su verdadera intensión del Despertar. Piénsalo, Merlín, piénsalo bien."

En eso, Merlín rompe en llanto y pide perdón con dolor porque se siente indefenso para lograr destruir a esta fuerza. Entre sollozos dice: "¿Qué hago Padre, qué hago para alejarla? ¿Cómo puedo limpiar la sangre? ¡Es como si fuese una herencia!" Llora con profundo dolor, sintiéndose impotente para salvar a todos sus hermanos.

Entra en un sopor y una bella mujer le invita a caminar a su lado por un sendero de luz: "¡Ven! ¡Sígueme!" Pero, Merlín, antes de seguirla le pide le salude y le de su nombre, a lo que escucha: "Que la paz y el amor de mi Padre Bendito, sea paz y amor en el corazón de mi hermano. Mi nombre es Emira".

El Iniciado dice, entonces: "Seas bienvenida. ¿Qué quieres de mi?" La hermosa mujer mueve el dedo índice derecho y expresa: "Que me sigas. Ven conmigo." Al obedecerla, Merlín siente un vértigo muy fuerte. ¡Se ha desprendido por completo y no sabe a donde van! Pero la paz que le alimenta Emira, le hace sentir confianza.

Le lleva a una especie de ventana gigante, y expresa: "Asómate y mira." Merlín observa como son muertos gente inocente al ser atacada por hombres que van totalmente armados: Los niños, el fuego y luego, otra imagen: ¡Festejos de esos mismos hombres! Celebraban su triunfo. Le permitió ver a uno de ellos en la intimidad con una mujer, y luego la presentó embarazada y luego al nacimiento. Las imágenes pasan muy rápido.

Otras imágenes muestran a hombres que se pelean por las mujeres. Le permitió ver escenas de orgías en donde reinaba la lujuria. Llegó a ver casas extrañas para él, pero en donde habitaban hombres y mujeres muriendo de frío, otros en donde los niños mueren de hambre. Y le volvió a presentar como festejaban los hombres y como nacía otro nuevo ser. Era parecido al hombre anterior.

Y todavía vio más imágenes de destrucción, totalmente desconocidas para él. Pero había mucha gente. ¿Se veían fríos! Sin sentimientos y la mujer que le permitió ver, le dijo: "La maldad va creciendo y se va multiplicando con los hombres. Espero que me hayas entendido."

Merlín sintió de nueva cuenta ese dolor profundo y pregunta: "¿Y cómo podemos destruirla, sí está en la sangre, significa que es muy grande porque se encuentra en todos?" La bella mujer sonríe, toca su corazón y le dice: "¡Sí se puede destruir! El hombre y la mujer han permitido que habite en ellos y además le dan vida con los actos, pero puede morir, Merlín, ¡puede morir la maldad a través del amor y el perdón!"

Señala con fiemza: "¡No debes darte por vencido! Sembrar el amor en el corazón de tus discípulos, es tu misión. La fe está en ti. No dudes en hacerlo: ¡Amar y perdonar, es la forma de desterrarlo!"

Merlín siente como entra en su corazón amor y perdón y nace con fuerza, la necesidad de perdonar a todas esas personas que vio. ¡Está en la sangre y hay que comunicárselos, porque lo ignoran!

Dice: "Así lo haré venerable Emira. ¡Gracias!" Ser convulsiona un poco el cuerpo de Merlín hasta que vuelve en sí. ¡Siente mucho amor y la fe ha vuelto a él! Hace una pequeña reflexión: "No es el temor a la obscuridad sino a la ignorancia. ¡Gracias te doy, Padre Bendito!"


Página de Inicio


Por que Usted es digno de la mejor información, Arcano le ofrece 12 números con el pago de 10.

 Sí quiero suscribirme

Depositos bancarios a nombre de: Editorial La Casa de Orión, S. A. de C. V., BANAMEX, número 00193211688 sucursal 4739 o a la cuenta: Mario Luis Altuzar Suárez, número 19321098-3 y si lo prefiere, en Banca Serfín cuenta Editorial La Casa de Orión, S. A. de C. V., número 09073152858 sucursal 09063. Confirme su pago via fax: 85 89 11 51 o por medio de una carta a nuestra dirección en Lerdo N° 284-C, Depto. 1212 (Edificio Presidente Juárez), Unidad Nonoalco Tlatelolco, 06900, México, D. F. Tel.: 85 89 11 50. Nuestro correo electrónico es:

 Arcano