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Del Archivo

de Merlín

 


Las Claves del Iniciado

Por Mario Luis Altuzar Suárez

El sublime Misterio de la Iniciación en el antiguo arte del reconocimiento de los caminos secretos en el interior del ser humano, requería en un principio, la libre y espontanea voluntad de razonar sobre el origen de la fuerza física temporal, para buscar el resorte que motiva su movimiento inteligente y su inquebrantable razón de ser en el tiempo y el espacio para moldear el entorno y comprender su trascendencia en el equilibrio de la naturaleza y del universo.

Si entendemos el concepto de Arte como el método o conjunto de reglas para hacer bien las cosas, se puede observar que el proceso de la Iniciación, entendida como el ingreso o admisión a los misterios del origen y destino de la vida, se encuentra muy alejada del dogmatismo y el fanatismo y en cambio, plantea la complementariedad entre la concepción esotérica y exotérica en la cotidianeidad de los individuos, plasmada por Hermes Trimegisto en la Ley de la Causa y Efecto.

El esóterikos, desde el punto de vista de los griegos, carece de relación alguna con los conceptos satánicos y malignos que le dieron los grupos de poder religiosos con la intensión de despojar a los seres humanos de su Esencia Divina que se encuentra en su interior y que los diccionarios aceptan tímidamente como una doctrina profesada por los sabios de la antigüedad cuyo conocimiento no debía ser poseído sino por muy pocos Elegidos.

Exóterikos, en cambio, se entiende como la doctrina que los filósofos antiguos enseñaban públicamente y se le atribuye un valor común y hasta vulgar, un concepto peyorativo proveniente del latín vulgaris para distorsionar el principio vulgus como el común de los hombres o directamente, el pueblo. Al margen de la intensión segregacionista de las cúpulas del poder y retomando el objetivo de los sabios antiguos, el exótericos se entiende como la comprensión de los elementos en el entorno de los seres humanos y que de una u otra forma, actúan en relación directamente proporcional al comportamiento de la persona.

En el entendimiento de los dos principios, esóterikos y exóterikos, se pueden apreciar entonces la Ley de Causa y Efecto, al aceptar que es el interior el principio o razón de las acciones personales para esperar un resultado bien definido y que permite razonar cuando la respuesta del entorno es adversa para rectificar los actos. Dicho de otra manera, aquí se encierra la clave del conocimiento del Poder Creador de la especie humana.

Tenemos, entonces, un poder que ignoramos o minimizamos por desconocimiento o tradición impuesta por los círculos concéntricos políticos, económicos y religiosos que limitan la concepción de los elementos intangibles pero presentes en todos y cada uno de los seres humanos que recibimos desde el Principio de los Tiempos el Libre Albedrío y la Fuerza de la Voluntad.

Entendemos por Libertad el poder inmanente al sujeto, en orden a su realización, que puede definirse como la capacidad de decidirse o autodenominarse mientras que Albedrío se dice que es la potestad de obrar por reflexión y elección o como una facultad que posee voluntad de tomar una decisión en vez de otra y como sinónimo se adopta Libre Albedrío.

La Voluntad aceptamos que es la capacidad de determinarse a hacer o no hacer algo y como extensión se dice que es una energía, capacidad, firmeza con la que se ejerce esta facultad y la Fuerza se define como la capacidad de acción física, es decir, la eficacia que tiene algo para producir un efecto. Ese algo que se pretende presentar como intangible y misterioso en el diccionario de uso común, es la Energía definida simplemente como potencia activa de un organismo.

Sin embargo, esa Potencia se nos dice simplemente que es la capacidad para realizar alguna cosa o producir un efecto, es Activa y nos dicen su propiedad: que obra o tiene virtud de obrar, como si se intentase despojarnos de la concepción real del significado de las palabras que encierran el Poder de Creación de los Hijos del Creador de los Universos.

Se ha depreciado el valor del concepto Conocimiento por la simple acción de conocer como una idea o la noción de una persona para separarlo del principio que le dieron los sabios antiguos en la palabra griega gnósis y que al encontrarla en los documentos y monumentos romanos con la abreviatura G para abreviar la frase genius gratia puede inferirse que es una distorsión de la palabra Gnizus que no es otra cosa que uno de los nombres de Dios y que significa El Mayor en Dignidad.

Entendido el concepto de Dios como Ser Supremo y Conservador del Universo, debe observarse que los judíos creen que su verdadero nombre se perdió por negligencia y que su pronunciación es uno de los misterios que será revelado por el Mesías. Los antiguos egipcios enseñaban que Osiris era el Juez Supremo y a Isis como innominada pero en la práctica acudían a la revelación primitiva y la existencia de un Ser Supremo o Infinito, los hindúes representan en Aum los tres poderes de que está dotado Bracma, una Triada que se repite en el Catolicismo.

Más claro: Los egipcios e hindúes reverenciaban a Athom, On u Om (Aun o Aum) y que los caldeos reconocían como el Creador a Oames, O-Amnes, para los filisteos se llamaba Dag-On, entre los judíos se rendía culto a Terafim que formaba parte del Aun según el texto original del Libro Sagrado de los Salmos, XV, 25: "Así como el pecado de la adivinación es rebelión: Aum y Terafim son emblemas de abnegación e impiedad".

Al margen del nombre, se coincide en que el culto a Dios es sin superstición y el conocimiento de su maravillosa naturaleza, esencia y atributos es develado únicamente a los Iniciados y dejan al vulgo sus creencias sobre dioses de segundo orden, a quienes consideran distintos de la Divinidad y que gozarían de una independencia absoluta en sus facultades y atributos. Caso concreto, serían los Santos.

El argumento se sustenta en la inclinación de los pueblos a la superstición e idolatría y que los sistemas religiosos ejemplifican en lo mismo en que se sustentan: Mecanismos filosóficos que, desconociendo la verdadera naturaleza del Ser Supremo, se le han atribuido pasiones humanas, para justificar la necesidad de confiar a un pequeño número de personas, el depósito sagrado e incorruptible de las antiguas enseñanzas. Una verdad a medias para crear una mentira completa al servicio de los círculos concéntricos de poder temporal de los que se dicen Elegidos para someter a su capricho el libre albedrío de la humanidad.

Citemos, por ejemplo, a Santos Olabarrieta: "Al suprimir Roma (el segundo Mandamiento de la ley de Dios), resolvió de un solo plumazo y para siempre el obstáculo que se oponía al rentable y maniático culto que se rinde a las imágenes, que con tanta frecuencia y gran ostentación se viene desarrollando en los templos y en los domicilios particulares de los católicos". Más adelante dice: "Fue Jesús quien habló por primera vez del Templo que es el cuerpo del hombre (‘en tres días edificaré mi Templo’) y cuando nos dijo que nos enviaría su Espíritu para permanecer dentro de nosotros nos convirtió en verdaderos Templos de Dios".

Sin embargo, la conversión en verdaderos Templos de Dios, se remonta al Principio de los Tiempos y que se adjudicaron el concepto los judíos con el Tabernáculo, la mezquita de los mahometanos y las iglesias de los católicos para darle un sentido material y un espacio en donde se concentren los adeptos y lo transforman en un culto propio, heredado de los egipcios, los celtas, los escandinavos, entre otros.

Acudimos al origen de la palabra Templo que se encuentra en el latín Templum que los sabios antiguos, en cualquier lugar de la naturaleza, abrían con una espada dirigida al cielo y limitándolo de Norte a Sur, de Occidente a Oriente, y con los Elementos Agua en el Noroeste, Tierra en el Suroeste, Viento en el Sureste y Fuego en el Noreste, para cruzar la energía en el punto geométrico del corazón y entrar a la virtud cardinal de la Templanza del Alma. Un acto en que el ser humano reconoce su espacio corporal en conjunción con los puntos cardinales así como la conformación de la materia, cruzada y unificada en la energía de la Tierra con la del Cosmos.

El Alma, una palabra del latín ánima que se traduce como soplo o vida y que en el Génesis no se hace una diferencia entre cuerpo y alma, sino entre cuerpo de tierra y la vitalidad del aliento o el soplo divino para convertir al hombre en un Nefhesh Hayyah que significa un ser viviente, una frase hebrea que lo mismo se aplica a los humanos que a los animales.

Un concepto aparentemente confuso que dividió a la misma masonería después de que en Londres realiza su regeneración en 1717 y provocó cismas y rivalidades entre los antiguos y nuevos masones y que según el literato francés, José María Ragón soluciona en su Ortodoxia Masónica: "Dejemos a esos obreros (los antiguos) geometrizar e instruirse en sus honorables corporaciones, cuyo objeto es facilitar habitaciones a los ricos que se las pueden retribuir; y dejemos a los francmasones (los modernos) trabajar celosa y gratuitamente, dentro de las Logias, en el perfeccionamiento y bienestar de la humanidad, ilustrando y perfeccionando a los hombres, pobres o ricos, débiles o poderosos".

La obra publicada en 1853, cuando Ragón tenía 72 años de edad, argumenta que los Maestros Masones "resumen las obras de la naturaleza clasificadas en los tres reinos, mineral, vegetal y animal, representados por el triángulo, imagen de Dios cuyos tres reinos son su manifestación. Ellos saben que el tiempo tiene por medida el pasado, el presente, el porvenir, de los cuales se preocupan; saben que todas las cosas tienen un principio (el nacimiento), un medio (la existencia), y un fin (la muerte); que el hombre ofrece alma, espíritu y cuerpo, y que está dotado de tres potencias intelectuales, la memoria, el entendimiento y la voluntad".

Pasaron 76 años para que la rectora de la regularidad masónica mundial, La Gran Logia Unida de Inglaterra, en su dictamen publicado el 4 de septiembre de 1929, "Principios Fundamentales para el Reconocimiento de Grandes Logias", señalara:

Art. 2. - "La creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en su voluntad revelada será condición esencial en la admisión de sus miembros".

Art. 3. - "Todos los Iniciados deberán prestar votos de obligación (jurar o prometer) sobre el Volumen de la Santa Ley, o su vista fija sobre el Libro abierto, Libro en el cual se expresa la revelación de una Altura (Fuerza Superior) por la cual la conciencia del Iniciado está irrevocablemente ligada".

En una carta dirigida por la Gran Logia Unida de Inglaterra a la Gran Logia del Uruguay, fechada el 18 de Octubre de 1950, expresa confirmando sus estipulaciones: "La Masonería no es un movimiento filosófico que admite toda orientación de opinión... La verdadera Masonería es un culto por conservar y retomar la creencia en Dios."

Se retoma un Principio que, en un repaso por la historia de las naciones primitivas converge necesariamente con el trascendental Principio de la Inmortalidad del Alma que se sustenta en la doctrina de la Transmigración del Alma de un cuerpo a otro y denominada como metempsícosis (del griego metempsikhosis, de meta que se entiende como cambio, en que significa dentro y psycké para el alma), plasmada abiertamente entre los hindúes y los egipcios, así como en la masonería especulativa y otras escuelas iniciáticas y que infructuosamente se ha querido reducir únicamente al sentimiento religioso.

Según las tradiciones recogidas en Egipto, el hombre pierde su inocencia o perfección que recibió al nacer por el contacto con el vicio y solamente se puede regenerar al cultivar las virtudes. Hérocles, seguidor de Pitágoras, aclara: Aquellos que creen que el alma del hombre debe ser condenada después de la muerte a pasar al cuerpo de una bestia en castigo del estado de impureza en que se halle, o que por ese motivo se convierta en una planta, incurre en un error grave y desconoce la forma invariable de aquella substancia incorpórea, la cual permanece siempre en el mismo estado, sin jamás llegar a ser ni Dios ni animal irracional, cualesquiera que fuesen sus vicios o virtudes, no impidiendo que aquélla sea una semejanza de una y otro por doble naturaleza racional y material. Es decir, que se reconoce el Principio de la Dualidad del Alma.

Si bien es cierto que el filósofo y matemático griego de la Isla de Samos mostró la Doctrina de la Metempsícosis unos 500 años antes de nuestra era, también es cierto que sus conocimientos recogieron las traducciones de las tradiciones egipcias, en donde Hermes Trimegisto entregó a Egipto las ciencias, las artes y las creencias del Oriente, instituyó los jeroglíficos y enseñó el arte de la interpretación a los griegos y en algunos fragmentos de sus rituales al Dios Vivo se lee: "Yo soy el que es, el que ha sido y el que será", que se entiende como el Principio de la Transmigración del Alma, antes de que Hermes desapareciera por la persecución de Seti I quien encubrió la represión al elevarlo a nivel de Dios con el nombre de Thot.

Sin embargo, se dice que el Iniciado llegó de Oriente, un punto que era común para indicar el Aram, región que comprende Siria y Líbano, en donde se encontraban asentados los Antiguos Esenios reunidos en herméticas congregaciones separadas pero unidas por sus profesiones mecánicas y bienes comunes y tenían ciertos signos y tocamientos para reconocerse entre sí. Una sociedad dedicada única y exclusivamente a servir a Dios y reconocerse en el amor a la humanidad.

Algunos historiadores confunden estos grupos con los hhasideos, debido a que para el historiador judío Flavio Josefo, los hebráicos hasideos descendían de una Sociedad Secreta que se había refugiado en las montañas para protegerse de las persecuciones de los sirios cuando invadieron Judea. Es posible alguna relación si se considera que los Esenios preparaban a Grandes Iniciados entre sus adeptos cuidadosamente escogidos que deberían recorrer el mundo para llevar su Doctrina con el ejemplo de su comportamiento personal de no jurar jamás por ser inútil el hacerlo, no dañar a nadie, comunicar fielmente la Enseñanza Iniciática del amor a Dios, entrega individual a la virtud y orientación a la humanidad.

Según los Misterios revelados boca oído, las Almas son aquellas que el Espíritu toma o utiliza para lograr su evolución mediante el conocimiento y la experiencia acumulada en sus diferentes Encarnaciones o Transmigraciones. Están constituidas por partículas minúsculas que hoy conocemos como átomos. A medida que el Ser evoluciona, va aumentando su volumen y carga energética con la finalidad de alcanzar a transformarse en Energía Pura sin ninguna intervención material. Dicho de otra forma: Cuando el Alma reconoce y domina su dualidad para transformar la materia y fundirse con el Espíritu.

Este dominio, entendido como el poder que cada uno tiene de usar y disponer libremente de lo propio, no puede darse por generación espontánea como tampoco es propiedad de unos cuantos Elegidos, sino que es Potestad de todos los seres humanos dispuestos a buscar y encontrar el Conocimiento para levantar Templos a las Virtudes y cavar pozos sin fin a los vicios para poder ser un hombre libre y de buenas costumbres.

Si bien es cierto que los sabios de la antigüedad decían que los dioses revelan a los doctos su saber, en tanto que los necios nada enseñan y en el Oráculo de Delfos se sentencia: sólo podía insinuar la contestación de aquello que se le preguntaba, pero no revelar todo su sentido, también es cierto que no se puede buscar lo que se ignora y con base en esto, a los adeptos se les ordena que "estos principios generosos se extienden aún más: Todo hombre tiene derecho a vuestros buenos oficios. Así os encargamos que hagáis el bien a todos, encomendándoles principalmente a los hermanos".

Hay una explicación razonable: "Que no se piense que aquí habéis trabajado inútilmente, y que habéis gastado vuestras fuerzas en vano" en aquellos que separan el Reino de los Cielos del Reino de la Tierra para inducir el divorcio entre las cuestiones del Espíritu con la digna provisión material para encubrir un sistema económico sustentado en la desigualdad social y aplicar el sofisma de la concentración de la riqueza en unas cuantas manos que amenazan con esclavizar a la humanidad en el próximo siglo.

Un hombre libre y de buenas costumbres que levanta templos a las virtudes y cava pozos sin fin a los vicios, tiene fe en sus ideales, esperanza en realizarlos por amor a la humanidad y para lograrlo abate al ambicioso, desenmascara al hipócrita y enseña al ignorante para liberarlo de las cadenas de la esclavitud en el reconocimiento del Derecho Natural de la Fraternidad.

Se entiende como fraterno al hermano y nos reconocemos como hermanos porque somos hijos de un mismo Padre, llámese Gran Arquitecto del Universo o cualquier otro nombre con el que se le quiera llamar a esa Fuerza Suprema y que, precisamente es esa Energía que técnicamente se define como Potencia Activa sin que la ciencia separada de la filosofía desde mediados del siglo pasado, logre dar una respuesta única a esa realidad que, contra lo que se piensa, es tangible en la vida de cada uno de los seres humanos.

En algunas religiones se habla del Soplo Divino capaz de mover al cuerpo que para los griegos era la conjunción de los cuatro Elementos: Agua, Tierra, Viento y Fuego que se encuentran en la Naturaleza. Si aceptamos que la materia no se crea ni se destruye, es difícil pensar que solamente somos materia ya que también sabemos que "pienso, luego existo" y por lo tanto, no puede existir un falso divorcio entre las dos concepciones ya que forman parte de un solo Ser.

Dicho en palabras del Maestro Alfonso Sierra Partida, encontramos la razón de ser que dio origen a las religiones, entendiéndose la palabra como el religar una realidad visible con una invisible, es decir, a la materia y su Esencia o al Hombre con su Padre Creador, pero no en forma dogmática sino con la razón y el entendimiento que abra al pensamiento a la posibilidad de una Verdad Absoluta que se relaciona directamente con la Divinidad del Ser Interior.

Descubrir que somos valiosos por ser los Divinos Hijos del Padre Creador de los Universos, representa, empero, un choque frontal con la tradición familiar y educativa en donde se nos induce la imperfección desde la concepción misma del Pecado Original y la expulsión del Paraíso para prepararnos a la resignada aceptación de un castigo por un pecado que nos es totalmente ajeno y sufrir las condiciones económicas adversas ya que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos.

Tímidamente se acepta que tenemos Libre Albedrío y Fuerza de Voluntad para explicar el movimiento de la materia o justificar su entorno, pero se ridiculiza o margina que estos Principios podemos estimularlos y orientarlos por medio de la Fuerza de la Fe que se pretende reducir a la creencia no basada en argumentos racionales. ¡Somos irracionales, entonces, al confirmar que tenemos Fe en nuestros Ideales!

Sin embargo, al reconocer que como Hijos del Padre Creador somos Libres y con una Voluntad Propia que se mueve por la Fe, empezamos a descubrir los Augustos Misterios de la Enseñanza bajo un principio científico: El cuerpo humano tiene kilómetros de venas por donde corre la sangre y el movimiento continúo genera energía magnética que, sumada a la emisión de energía eléctrica en el trabajo de las neuronas, nuestro cuerpo genera una energía electromagnética apenas perceptible y que denominaron Aura.

Observemos que nuestro cuerpo genera toxinas que no visualizamos pero no por ello dejan de existir. Un ejemplo sería el miedo que desprende del cuerpo la adrenalina y al pasar cerca de un perro, esta substancia lastima el olfato del canino y se defiende aunque nosotros pensamos que nos ataca.

La Fe tiene, entonces, sustento racional al reconocerla como una energía que puede ser proyectada al exterior del cuerpo por medio de los campos electromagnéticos como viajan las toxinas y las señales de radio y televisión sin cable alguno en transmisiones continentales.

Cuando nuestras acciones se realizan con profunda Fe y le añadimos el ingrediente del Amor, pero no el concepto comercial que rige en las relaciones condicionadas del dar para recibir, sino en la base substancial de la Filantropía "de ayudar a los demás en proporción de vuestros haberes", el resultado obtenido será totalmente satisfactorio en lo material y en lo espiritual.

Para alcanzar ese Amor, es necesario descubrir las propias limitaciones internas a causa de las frustraciones, resentimientos y rencores acumulados y archivados en el subconsciente y que generan inseguridad, intolerancia o autoritarismo encubiertos en el egocentrismo u otras armas defensivas y que proyectan insatisfacción al exterior que responde en proporción a nuestra proyección.

Existen tantas causas que por dolorosas, el subconsciente parecería olvidar pero que rige nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, si en la niñez se tuvo un padre alcohólico y golpeador de la madre y de los hijos, esa imagen marca el carácter del individuo que prefiere acordarse de momentos gratos aunque en el interior se acumula el resentimiento. Una forma en que puede superarse es descubrirlo y aceptarlo para llenar de luz esos momentos para poder perdonar y realmente poder amar a ese padre, lo que libera al ser del resentimiento y del dolor.

Puede decirse, entonces, que las claves del Iniciado son sencillas y que al devastar la piedra en bruto, exigen la comprensión razonada de la Fuerza Suprema o Creador de los Universos para desarrollar sus virtudes por amor a la humanidad.


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