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Del Archivo

de Merlín

 


Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

* Qué es la Religión Pura

* Diferencias de las Prácticas Religiosas

En la aldea que circunda al Castillo de Avalón hay mucho movimiento pero de desconcierto ya que han llamado a los hombres a trabajar para la construcción de un monasterio en donde se instalarán los religiosos católicos recién llegados.

Entre los aldeanos existe malestar ya que tomaron territorio que pertenecía a la comunidad, no comprendía la actitud de su Rey ya que él les había cedido esa zona para sus festividades, Y ahora se las arrebataban.

Sin embargo, fueron los mismos clérigos los que la habían escogido cuando se enteraron que en ese lugar, los residentes celebraban sus rituales que consideraban paganos, pero que serviría como una demostración del poder de la nueva religión al edificarse sobre las ruinas de la fe de los súbditos del Reino de Gales.

Puede decirse que los galeses eran considerados por los recién llegados, como bárbaros, sin preocuparse por intentar comprender el fondo real del fundamento de sus creencias. ¡Debían aceptar la nueva fe y punto! Dicho en otras palabras, se imponía la conversión y se empezaba por el punto terreno en donde se realizaba la adoración.

Mientras tanto, adentro del Castillo, Arturo al lado de sus Consejeros vieron en esto, una salvación para las propiedades de los Caballeros, evitando así, cualquier posibilidad de tensión en sus relaciones. Sin embargo, estaban al pendiente de la reacción del pueblo para evitar cualquier falta a lo establecido con el Convenio papal quedando sometidos a sus exigencias ya que se estaba faltando de parte de ellos, al respeto que habría en sus creencias y habían llegado informes de la forma en que obligaban a los aldeanos a adoptarse a la nueva religión.

Merlín, con tristeza, mira a su Rey y comenta: "Es el principio del fin". Arturo voltea sorprendido: "¿Cómo? Buscamos la manera en que no se derramara la sangre y tú no estás siendo sometido por ellos. ¿En qué puede ser el fin para ti? Nuestro comercio se abre y el reino se verá beneficiado por ello: Habrá mejor forma de vida para todos".

Le ataja Merlín al Monarca: "No es mi fin, ciertamente, pero sí el del reino. Esta abundancia que llega a ti, te ahogará junto con ellos. La ambición que ellos muestran en sus rostros por la tierra, es la misma que a ti te llega por la riqueza y te olvidarás del pueblo y ellos te lamentarán".

El Rey Arturo mira a los Consejeros y advierte en sus miradas, sorpresa y disgusto, reaccionando de inmediato en contra de Merlín: "¡Cómo osas hablarle así a tu Rey! ¡Estoy cuidando el bienestar de mi reino y tú al sentirte afectado por los cambios, te me enfrentas. ¿No será acaso que el que tiene miedo eres tú, porque su dios sea más fuerte que el tuyo? ¿Dime en dónde hay un templo para tu dios, una imagen de él o un vestigio para adorarlo como ellos lo traen? Nosotros no tenemos nada de ese poder que muestra su dios".

Merlín siente coraje, por primera vez, en contra de Arturo. Fija su mirada fría y profunda a su Majestad: "¿Así que piensas que yo les tengo miedo por mirar tu ruina antes de que comience?"

Los Consejeros se asustan con los comentarios de Merlín. Saben quien es el Mago y ellos, hasta este momento, no han sido convertidos al catolicismo. Pero Arturo tiene que actuar con firmeza. Tiene la urgente necesidad de mostrar que lo pactado fue bien hecho y en bien de la comunidad.

Dice el Monarca: "En el Convenio ¡salvaguardé la vida de los aldeanos, de los magos, de los brujos, de las hechiceras!" Aspira profundamente y con el índice señala al Iniciado: "Te salvé a ti, Merlín. Y el que hayan escogido esa tierra, también te benefició, porque no te despojaron del bosque, y los aldeanos pueden festejar sus ritos en cualquier otro lugar sin ser molestados".

En realidad, la zona que había escogido era grande. Una planicie de bellos jardines a los cuales, las aldeanas y los jóvenes, en forma voluntaria le dedicaban su tiempo libre ara cuidarlos. Ahí se casaban los muchachos y se reunían en festividades importantes conforme lo marcaban los viejos usos y costumbres de sus rituales y Arturo intenta minimizar el valor a la transgresión que se comete por los recién llegados.

Si bien ahora los romanos son sus aliados y dicen que también sus amigos, eso no significa que lo fueran los reinos enemigos de sus fronteras y que por conveniencia político militar se convirtieron a la nueva religión, ya que de unos y otros, el Imperio romano cobra el tributo que le correspondía y las tierras las toma de acuerdo a sus propias necesidades expansionistas.

Merlín, al darse cuenta de que Arturo no escucha voces y se encuentra protegido por los católicos, siente que ha llegado el momento de dejar el reino y así lo expone: "Mi amado Rey, viendo que no se requiere ya de mi presencia y de que mi Rey salvaguarda su vida como la del reino, este sirvo no tiene razón para quedarse ni uso en su servicio. Así que me retiro entonces".

Arturo se siente turbado por el comentario de su amigo de la infancia. No cree que sea para tanto: "¡Calma, Merlín, no tienes porque irte!" Pero ahí siguen los Consejeros observando y el Monarca rectifica su actitud y con frialdad y voz hueca le dice. "Pero si tú crees que no es aquí tu lugar, ¡puedes irte! Todo está en paz".

El Iniciado comprende la situación y se despide dando un fuerte abrazo fraterno a su Rey.

Irvin, en cuanto ve a Merlín, se apresura a su encuentro y escucha: "¡Vámonos, pequeño, aquí se ha terminado nuestro servicio! Nada nos ata para poder quedarnos". El adepto con sorpresa interroga: "¿Cómo, Maestro, qué ha pasado? ¿Por qué haces esos comentarios que reflejan un profundo dolor en tu pecho?"

Merlín, sin detenerse le contesta: "¡Somos libres! ¡Hombres libres! Y aquí, la esclavitud comienza y no permitiré que nos alcance". El joven guarda un prudente silencio ante los comentarios de su Maestro, que es lo mejor en este momento.

Cuando van camino al bosque, ya avanzados, se detienen a tomar sus alimentos. Es la oportunidad para que el adepto pregunte: "¿A qué se refería mi Maestro, con la esclavitud que comienza en el reino?"

Merlín que ya está tranquilo, responde: "A la esclavitud del alma por las pasiones". Irvin advierte: "Pero esa esclavitud es la que vamos rompiendo, Maestro. ¿Acaso, no éramos antes esclavos?" Le afirma: "Así es, Irvin, tú lo has dicho, ¡éramos esclavos y no regresaremos a esa condición!"

El joven aun no comprende qué es lo que está pasando, pero para tratar de desviar el tema, le inquiere ingenuamente: "¿Es el dios de los católicos, más fuerte que el nuestro, Maestro?" Merlín sin desviar su mirada le responde: "¡Solamente existe un Dios! No hay más Dios que el Creador de todo lo que existe en tu entorno y más allá del Universo: ¡El Dios absoluto! Y en El, el Principio y el Fin. No hay otro Dios".

Le indica que "el hombre, en sus intereses materiales, lo traduce a sus necesidades. El verdadero Dios es el que te hace libre de cualquier tipo de necesidad".

Irvin se entusiasma y expresa: "¡Entonces nuestro Dios está sobre el dios de ellos!" Le alecciona: "Está escrito en los Templos Sagrados, que muchos vendrán diciendo que su dios es el verdadero y que solamente aquél que es libre y limpio de su espíritu, podrá descubrir a los falsos profetas. Es la única manera en que tú podrás descubrir al Dios verdadero: Siendo limpio".

El joven suspira: "Entonces, ¡estamos bien con nuestro Dios! ¿Cómo puede un hombre, Maestro, saber si una religión es mejor que otra?" Le responde: "Ninguna religión es mejor que la otra: Todas parten bajo un mismo Principio: El de la Creación, la del Amor Divino. El hombre es en su práctica el que la hace mejor o la destruye".

Irvin se inquieta: "¿Por cualquier religión o creencia se puede llegar a la Iniciación, Maestro?" La respuesta es negativa: "¡No! Hay muchos velos que cubren la Avanzada que algunos conocen como Nirvana o Camino. Existe solamente una religión y es la religión pura".

Le interrumpe Irvin: "¿Cuál es esa religión, Maestro? ¿Acaso es la nuestra? Nuestra hermandad es muy exigente y no permite la esclavitud del alma y los vicios, para que podamos ser limpios y puros de espíritu y así conjuntarnos con la Unidad".

Merlín lo mira y se encuentra de ánimo para responder con paciencia a su amado discípulo: "Esta religión pura, mi amado Irvin, es difícil de alcanzar. Son muy pocos los que la reciben. ¡Son seres muy especiales los que reciben esta Enseñanza!"

Abre los ojos el adepto y pregunta: "¿Entonces, nosotros no estamos recibiendo la religión pura?" Merlín le indica: "Vamos tras ella, mi querido hermano". Comenta Irvin: "¡Ah! Bien, primero aprendemos los Principios de la Gran Hermandad Universal y luego vamos a la religión pura, ¿eso es lo que quiere decir, Maestro?"

Merlín mueve la cabeza: "No. No precisamente. La religión pura es la que recibes directamente del Espíritu Divino y esa religión no cualquiera la alcanza". El interlocutor se asombra: "¿No es la de nuestro espíritu? Nuestro espíritu es Divino y buscamos conectarnos con él".

El Iniciado responde, "Cierto es lo que dice mi querido hermano. Pero para lograrlo tuvimos que tener maestros terrenos, tanto tú como yo, y practicamos Principios de Luz para lograr llegar al Espíritu y alcanzar la Unidad. Los que reciben la religión pura, no tuvieron Maestros terrenales y viven la experiencia solos con la sola guía y ayuda del Espíritu Divino, con el riesgo de perderse".

Pregunta el adepto: "¿Y qué tipo de seres son para verse elegidos y recibir esta Enseñanza de la religión pura?" Responde el Maestro: "Son limpios del corazón. Desconocen del odio, la amargura, la tristeza y la disilución. ¡Son humildes y gozosos siempre están con su vida! Pasan desapercibidos, sin buscar la fama y el oropel".

Irvin señala: "¿Es por eso, Maestro, que no te agradan esos religiosos católicos? ¡De humildes no se les ve nada! Y gozosos lucen sus vestimentas, llamando la atención con lujo y oropel. ¡Ostentan su riqueza!"

Merlín expresa: "No es que me agraden o desagraden, pequeño mío. Lo importante para nosotros es ahora salvaguardar nuestra Hermandad". Una frase que preocupa al adepto: "¿Tú crees, Maestro, que quieran destruirnos?" El iniciado señala: "¡Yo creo que quieren desaparecernos!", y se ríe de buena gana.

Pero Irvin sigue aprovechando que Merlín, como en los viejos tiempos, está dispuesto a darle Enseñanza con sus pláticas tan sencillas y profundas a la vez: "¿Nosotros, Maestro, podríamos alcanzar aun la Enseñanza pura?"

Merlín comenta. "Bueno, hay un momento dentro de la Enseñanza en el que el Maestro solo te soporta como la base de un pilar para que no te caigas y así puedas recibir esa Enseñanza. Te cuidará para que no quedes atrapado y te sostendrá hasta que logres alcanzarlo. Eso hará el verdadero Maestro, limpio de corazón, dispuesto a guiarte en todo momento".

El adepto se muestra inquieto: "¿Y a usted, quién lo soporta si ya no tiene Maestro?" Merlín le responde: "Yo creo que me soporta mi Espíritu. De otra manera, mi querido Maestro Hebert no se hubiera ido".

"¡Ah! Que bien", responde Irvin al reflexionar: "Entonces no se irá usted de mi lado, aun por mucho tiempo. Eso me da tranquilidad y confianza ya que entiendo que usted recibe la religión pura". Merlín le contradice: "¡Yo no he dicho eso! Aun me enojo". El joven acepta: "¡Sí, Maestro! Pero eso no significa que sea impuro".

Merlín guarda silencio. Es cierto: Hacia buen tiempo que su Espíritu se manifestaba en él y hablaba por él pero aun no lo sostenía por mucho tiempo pero ya no quiso detallar más para no confundir a su discípulo.


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