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Del Archivo

de Merlín

 


Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

* La Verdad de la Entrega

* La Canasta del Pescador

El crepúsculo sorprende a los discípulos de Merlín en los jardines del Occidente del Monasterio, en donde disponen por instrucciones del Venerable Maestro Irvin, los elementos necesarios para encender una fogata protegida por un círculo de piedras. Una noche fresca pero agradable que emociona a los Aprendices por el estímulo de la curiosidad.

Aura, una joven espigada de larga cabellera rubia, comenta con emoción que en algunas ocasiones asistió a reuniones juveniles bajo la luz de la luna en donde los cuentos de misterio eran obligados entre los asistentes que creían ver en el movimiento de los árboles, figuras fantasmagóricas que estimulaban la adrenalina y la sudación corporal.

Mientras comentan contentos, Merlín, Ralph e Irvin intercambian sus opiniones, lejos de los jóvenes para no ser escuchados. Irvin expresa: "¿Cómo les diremos a los jóvenes que están cerca de nosotros, que nos andan buscando con intensión de destruirnos?"

Ralph opina: "Yo no creo que puedan localizarnos. La zona del bosque es muy espesa ¡fácilmente de perderse!" Lo que confirma Merlín: "Tiene razón mi Hermano. Muchos se han perdido antes de llegar. ¡Pero también muchos perdidos han llegado!" Ralph responde: "¡Maestro, esos no son los que han estado buscando nuestro lugar de trabajo!"

Irvin interviene: "Cierto es lo que dice mi Hermano, sin embargo, debemos considerar que ellos no estaban buscándonos. Y si nos quedamos, corremos el riesgo de ser atrapados". Merlín le mira reflexivo y señala: "Todo está ahora en manos de Dios y debemos de dejar fluir la Fe para que recibamos la guía y así podamos proceder bajo su Testimonio. ¡Debemos de hacer oración para que se desvíen los pasos de aquellos que nos buscan!"

Para Ralph, la situación es complicada pero acepta: "Cierto es más Maestro, que no debemos angustiarnos para evitar situaciones no deseadas". Merlín complementa la idea: "Así es mi Hermano. Entregándolo al Padre y pidiendo con fuerza, tendremos soluciones. ¡Vayamos con los jóvenes y hablemos de la entrega!"

Los tres se dirigen a la fogata y Merlín se ubica en el Oriente, Ralph en el Sur mientras que Irvin se acomoda en el Norte. Comenta Merlín: "Es agradable verlos contentos. ¡Así debe de ser siempre la entrega de todas las situaciones! ¿Qué puede preocuparles ahorita? Si estamos en el Tiempo del Padre, que es el presente díganme ¿de qué tendrían que preocuparse ahorita?"

Espera que los adeptos reflexionen sus palabras y contesta Aura: "Mi presente es el aquí y el ahora y estoy tranquila al lado de mis Queridos Hermanos, por lo tanto, ¡estoy bien! En el Tiempo del Padre nada debe de preocuparnos. ¡Cada instante, cada segundo es presente!"

Luis le pregunta al Maestro: "¿Por qué cuando entramos en el Tiempo Luz del Padre, todo es más largo, más lento, más tranquilo? Pero si tantito pensamos en el pasado generando vivencias y emociones se cae rápidamente y se pierde el encanto. ¿Cuál es la razón Querido Maestro?"

La respuesta es de Ralph: "Entrar al Tiempo Luz del Padre, no existen los tiempos marcados del hombre. Sólo es la trayectoria de la Luz en el espacio. No existen paralelos. ¡Todo es Unidad! Y cuando quieres hablar de la sabiduría de tu pasado, puedes tener emociones pero todas en el gozo del aprendizaje, no importa cuán dolorosa o difícil haya sido".

Explica que el gozo está "en el haber superado el sufrimiento y no volver a caer en el mismo".

Otro Aprendiz pregunta: "Bueno, pero si se trata de la partida de un ser querido ¿debo sentir gozo al recordarlo?" La respuesta es inmediata: "¡Claro! La Enseñanza adquirida de haber compartido momentos con él, perdonarle sus errores o daños que nos hayan provocado y amarle".

Replica el Aprendiz: "¡Eso suena muy sencillo! Yo le he perdonado. A mi padre y a mi madre también. ¡Pero no supero el dolor de sus golpes y sus desprecios. Su falta de amor de mi madre. Siempre preocupada por todo menos por dar amor y entro al Tiempo del Padre para no recordar nada de eso. ¡Pero no he podido soltarlo!"

"Bien", le contesta Ralph, "vamos a trabajar con eso. En la Entrega. Escuchemos a Merlín para que aprendamos todos juntos".

El Iniciado toma la palabra: "Nosotros, Queridos Hermanos, debemos de ser recíprocos con el Padre para entregarnos a Él. Respiramos aire sin condición alguna, recibimos la luz y el calor de la fogata, también sin condición. Disfrutamos de la noche al igual que del día sin que se nos impongan condiciones. ¡Así es como Él se nos da!"

Aclara: "En cambio, el hombre se Entrega con condiciones y recibe condicionadamente ¡aún a Dios mismo! Si sentimos calor por el sol, nos quejamos porque está en exceso. Si sentimos frío ¡nos quejamos! Nunca estamos contentos al recibir. Cuando damos, esperamos respuesta. El Padre Creador, en cambio, se da con nosotros y punto. ¡Así es como nosotros debemos darnos con Él para que aprendamos a recibir lo que Él nos otorga en su infinita generosidad!"

Profundiza sus conceptos: "En ocasiones, cuando se le pide ayuda al Padre Eterno, no vemos la respuesta como nosotros deseamos porque ¡no nos entregamos a Él! No soltamos nuestra petición, ya sea un problema material o de salud. No importa de que tipo sea nuestra petición. El hombre reza pidiendo la ayuda pero no entrega sus rezos ni su petición porque sigue preocupado con ansiedad y eso lo ata a su petición".

Indica, entonces, que "significa que el hombre no se entrega y sigue cargando con el problema. Mientras tanto, el Padre Creador espera que le entregues tu petición y te despreocupes porque Él le dará solución".

Un joven exclama: "¡Hay, Maestro! Pero si en ese momento está viendo que se muere o que lo echan de su casa, ¿va a solucionarse así nada más?" Merlín le responde con profundo amor en sus palabras: "Cierto es que sí le dará solución. Mi Querido Hermano, Dios abre los caminos para solucionar los problemas de alguna manera y que todo quede en equilibrio y armonía".

Precisa: "El que nunca está conforme es el hombre y no reconoce la sabiduría de Dios porque el hombre es ciego y torpe. ¡Se desespera con facilidad por su impaciencia y no deja fluir el Poder de Dios! De ahí que sea tan difícil para muchos, ver las bendiciones con las que Él resuelve los problemas".

Merlín explica que "primero debemos de reconocer también, nuestro malestar, nuestro sentir y nuestro pensar. De ahí, al aceptarlo, ya hemos dado el primer paso porque podremos reconocer en qué fallamos. Después, junto con el reconocimiento de lo que son, se hace la petición y se desea de corazón que el Padre lo tome para darle solución".

Se llega, entonces, a un momento en que "ya no hay nada de que preocuparse. ¡Todo está bien! Y para todo, Él puede tener Poder y resolver". Aura que se encuentra muy atenta, comenta: "¡Resulta tan sencillo y tan difícil de creer!" El Maestro señala: "Ahí es en donde está el error, pequeña, la dificultad para creerlo o la duda tan solo".

Prosigue: "Entonces no fluye y con mucha dificultad se logra salir de los problemas, porque al estarlo invocando, Él estará ayudando poco a poco, sin poder hacer en todo su Poder lo que llamaríamos el Milagro, porque parte de la Fuerza generada por la credibilidad forma un lazo de unión con la angustia, como una especie de amarre. ¡Está amarrado a la angustia por la solución de su problema, por lo tanto, el problema también lo está con la angustia".

Merlín guarda silencio unos segundos para observar a su auditorio y precisa: "Esos lazos impiden que se solucione el problema. ¿Cuál es la respuesta? Que debemos entregarlo al Padre, desatarnos de la angustia y desatarnos del problema y Él otorga los caminos para resolverlo todo. Hay que Entregar la más pequeña emoción por insignificante que sea".

Menciona que un ejercicio sencillo "es la canasta del pescador. Al entrar en su ensayo de meditación deben ver que están cargando una canasta y que se encuentra vacía pero que, a sus espaldas observan que cargan un costal y que son sus problemas. ¡Y aunque la canasta está vacía, se ve que está pesada! Pesa mucho, igual que el costal de la espalda".

Se pregunta: "¿Cómo es posible esto? ¿Cómo puede estar tan pesada si la canasta está vacía? Pues bien, es el momento en que debemos agilizar la carga. Visualizamos el problema o bien la petición de la solución, no importa cual de las dos sea, y tienen que hacer que esa imagen o petición, ¡caiga dentro del canasto!"

Una vez realizado este ejercicio, Merlín les dice que después "verán identidades iguales a ustedes pero que representan la angustia, la duda, el dolor, la ansiedad, el nerviosismo, el disgusto, la impaciencia, y deben de ver como cada una de esas personalidades de ustedes va entrando en ese canasto".

Hace una observación: "Mientras más se llena el canasto, menos pesado es. Y se van a ir sintiendo más tranquilos. ¿Cómo sabemos que estamos trabajando en verdad? Deben de sentir paz, confianza y seguridad. Por ejemplo, Aura, cuando usted vea su canasto, va echando ahí el recuerdo de sus padres, los golpes, los dolores, las tristezas y las alegrías también ¡aquí no hay limitaciones!"

Una vez que ha llenado su canasto con estos sentimientos, "debe de reconocer sus verdaderos sentimientos, aunque haya sido hasta odio o ira, debe de reconocerlo, ya que lo identifica a Aura, la que odia a sus padres por los golpes que le dieron y verá que usted es como en esos tiempos y la echa al canasto".

Le indica: "Debe ver, por ejemplo, a Aura triste por la falta de amor de sus padres y ¡la echa al canasto! Verse a la Aura solitaria y la echa al canasto. A la Aura menospreciada por sus padres y la echa al canasto. Y así, sucesivamente, va a ir depositando las personalidades de Aura como efecto de la vivencia del recuerdo".

Interroga: ¿Cómo saber que lo está logrando? Bien, sentirá paz y descanso. Una vez que considera que ha terminado con todas sus personalidades, referente al problema, lo que dice es: Padre lo suelto y lo dejo ir. Y debe de sentir gozo en el corazón. Será entonces, que ha logrado un buen trabajo".

Merlín apunta que este es un ejercicio muy sencillo para retirar odios, rencores, resentimientos, dolor y les sugiere a sus adeptos: "Deben hacerlo todos los días hasta lograr gozo en el corazón. Será entonces cuando lo habrán logrado".


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