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Del Archivo

de Merlín

 


Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

* Merlín, atrapado por el clero

* Su Primera Comunión

Merlín y sus adeptos acaban de arribar a una aldea al norte de Gotinham, tratando de pasar desapercibidos. Los aldeanos voltean a mirarlos con un brillo en los ojos, como si vieran a grandes seres. Les reconocen de inmediato y comentan discretamente: "¡Son sacerdotes Druidas!" Y agachan la cabeza para que no se den cuenta de que les han descubierto.

En esa zona, la religión católica de los romanos, ya es aceptada con mucha fuerza y a los practicantes de la antigua religión druida se les expulsaba o bien, les eliminaban.

Merlín, con su mirada penetrante y vigilante, se da cuenta de que están llamando mucho la atención, a pesar de sus vestimentas y apresura a los Hermanos para salir prontamente del lugar. Las casas de los aldeanos se encuentran muy retiradas unas de otras, sin embargo, la voz ya se había corrido de que ellos estaban ahí.

En eso, un hombre joven, corre hacia ellos: "¡Ayúdenme por favor!" Los detiene la voz suplicante. Ninguno se mueve hasta que el Guía voltea hacia el joven y le pregunta: "¿Por qué nos pides ayuda?" Les dice: "Necesito que me ayuden con mi esposa. ¡Está a punto de dar a luz! Y no llega la partera. Y no hay nadie más".

El Iniciado le pregunta: "¿Y los médicos del pueblo?" La respuesta es lacónica: "No, aquí los médicos no nos ayudan. Tenemos que buscar nuestros propios recursos y desde que se fue nuestro sacerdote, no hay nadie más que una vieja mujer que ayuda a las mujeres a dar a luz".

Merlín le pregunta, entonces: "¿Y qué te hace pensar que nosotros podemos ayudarte?" El joven dice: "¡Su mirada! Sólo los sacerdotes miran como ustedes ven".

Los jóvenes adeptos, al escuchar esto, se sorprenden: "¿Qué tiene la mirada para que nos descubran?" Merlín le explica al joven que van de paso y les urge salir de la zona, ya que sí él les ha descubierto por algo tan simple, "¿qué pasara cuando se enteren los del clero?"

El joven les explica que en ese lugar hay un "buen fraile y estoy seguro que él no les haría nada. ¡Ayudó mucho al último que partió! Así que no deben de preocuparse. Es más peligroso si los ven los soldados. ¡Ellos sí tienen la orden de acabar con ustedes! Entonces, ¿me van a ayudar con mi esposa?"

Le responde el Mago: "¡Guíanos prontamente!" Y así, rápidamente llegan a la casucha del joven que se llama Antonio, quien deja franco el paso a Merlín: "¡Pase, por favor, señor sacerdote!" Merlín no le ha dado su nombre como ninguno de sus seguidores y mira a la mujer que se encuentra en el camastro, sudorosa por las convulsiones dolorosas.

Les indica a los jóvenes que de inmediato calienten agua y que le tapen el vientre y las piernas con una manta gruesa. Le amarra las manos a la cabecera del camastro para que así no se mueva tanto. Merlín toca el vientre endurecido de la mujer. Acerca su mirada al rostro desvalido. Pasa su mano y de inmediato queda dormida.

Los jóvenes están atentos. ¡Jamás habían visto trabajar a su Maestro! Aprenden que así debe hacerse un trabajo. Ya no hay esa maravilla y hoy observan que hay un profundo respeto y amor inmenso del Maestro hacia la paciente.

En tanto, Merlín descubre el vientre de la mujer, con sus manos firmes comienza a manipular y pueden ver ¡cómo voltea al pequeño y el vientre cambia con los movimientos! Cuando el Mago da la orden: "¡Puja, mujer, en este momento!" Con sus manos, Merlín ayuda a empujar. No hay dolor. La aldeana trabaja en el parto, sin dificultad.

Afuera de la casucha, Antonio espera a que nazca su hijo. A lo lejos, puede mirar que se acerca un hombre de vestimenta café. Cierra los ojos ¡rogando que no vaya hacia él! Sin embargo, se oyen unos gritos: "¡Pequeño Antonio!" Inequívoco, ¡va en su busca! Y le dice: "Vine en cuanto supe lo de tu mujer para rezar y así, el Padre tenga compasión de ella y pueda nacer tu hijo. Verás como la vieja lo saca adelante".

Antonio se queda callado. Está palido. ¡Cómo decirle que no era la vieja, sino un Druida! Y no solo eso, ¡sino toda una congregación druida! Lo único que alcanza a responder: "¡Gracias, fraile Pergo!" El religioso le pregunta: "¿Y cómo está ella? ¿Lleva mucho tiempo? ¡No se oye ruido alguno! Verás como logra salir todo bien".

Titubeante por los nervios, responde: "¡Sí, claro. Sí. Todo saldrá bien!" El fraile le da unas palmadas en la espalda y con carcajadas grandes le dice: "¡Estas nervioso, bribón! Claro, es normal. Es el primer hijo", empero, su conversación es atajada al oírse el llanto de un recién nacido.

Merlín sale de los aposentos y de inmediato se dirige al joven: "Antonio, es un hermoso varón!" El fraile mira severamente a Antonio, al descubrir que no fue la vieja la que le ayudó a su mujer, sino el Poderoso Mago Merlín y con voz gruesa le recrimina: "¿Quién es este hombre? ¿Cómo has permitido que sea un hombre quien atienda a tu mujer. ¡La has manchado!"

Antes de que responda el joven, Merlín toma la palabra: "Vengo del Oriente. De las tierras lejanas en donde la medicina y el conocimiento es del hombre". El fraile se sorprende ante la firmeza de la exclamación y pregunta: "¿De dónde dices que vienes? ¿Eres un forastero!" El Mago no se arredra y responde: "Vengo con mi caravana desde la India y halla he aprendido de la alquimia".

El fraile se recupera y juzga: "¿No eres un brujo?" A lo que Merlín señala: "Halla no se conocen a los brujos. Solamente hay sabios dedicados al Conocimiento de la sanación de los cuerpos y se reconoce a un solo Dios".

Comienza a reírse el fraile y le pide disculpas: "Perdonádme forastero. Aquí hay brujos que engañan a estos pobres aldeanos, haciéndoles creer que sus dioses les van a salvar". El fraile, cuando escuchó hablar a Merlín de un solo Dios, de inmediato lo ubicó como bautizado, ya que de las Cruzadas de esos tiempos, los romanos comerciaban con el Medio Oriente: India, China, y era cierto que en esas zonas, la medicina era muy avanzada y no le quedó más que guardar silencio y aceptarlo.

Prosigue el fraile: "Así que vienes con una caravana, forastero. ¿Qué es lo que os trajo por estas tierras?" Merlín de inmediato comenta: "El Conocimiento camina por todas partes y he venido por ello, para adquirir conocimiento junto mi grupo". Le pregunta el religioso: "¿Todos ellos son igual que tú?" Dice rápidamente: "¡Sí! Yo vengo a darles Enseñanza de la medicina y de las yerbas de esta zona y al ver a este pobre hombre desesperado por su mujer, nos detuvimos para auxiliarle, pero ya partimos en este mismo momento".

El fraile le responde: "¡Oh, no! ¡No se pueden ir así nada más! Si son viajeros del camino deben de ir con la bendición de Dios, así que en este mismo instante vamos a preparar una ceremonia para que sea un buen viaje lo que tengan".

En eso, Merlín piensa un instante mientras que el fraile le observa detenidamente: "¡Es una enfrenta!" El Mago sonríe y exclama: "¡Es la mejor invitación que nos ha hecho! ¡Iremos benditos! ¡Claro que acepto! En verdad, es un honor para nosotros que así nada más nos de una ceremonia".

Apresura el fraile y cambia su expresión, como si respirara libertad: "¡Pues vayamos, entonces!" Merlín camina a su lado escuchándole y poniendo atención en todo lo que le dice. ¡Deben estar alertas! Alguien pudo haberlos traicionado y haber alertado al fraile por lo que no puede descartar el riesgo elevado que pasan.

Cuando ya se siente en confianza, el fraile le comenta a Merlín: "Por un momento llegué a pensar que eran druidas". El Iniciado pregunta: "¿Druidas? ¿Y qué son los druidas? ¿Acaso será algún animal de esta zona?" El fraile ríe abiertamente y responde: "¡Casi, casi, forastero, parece que acertaste a la descripción!"

Llegan al templo y todos se colocan en silencio y extrañados. Merlín voltea a mirarlos y les indica con el índice que guarden silencio y le sigan en todos sus movimientos. El fraile de inmediato comienza a abrir su ceremonial en latín. Nunca voltea hacia ellos. Al momento de dar la hostia, Merlín agacha la cabeza como una acción de respeto: ¡Algo lo mueve inexplicablemente a que se acerque al clérigo y recibe el pan!

Siempre con la cabeza gacha, todos siguiendo a Merlín. Termina el ritual y el fraile no les permite partir. ¿Qué es ahora lo que les espera con él? Se preguntan. Solamente es Merlín el que habla con el fraile, siempre están en silencio los jóvenes: "Y dígame forastero, ¿qué le pareció la ceremonia?" Merlín le responde: "¡Maravillosa! ¡Maravillosa!" Y en verdad, había sentido paz.

La sensación del pan, fue agradable también. ¿Por qué iba a despreciar la Fuerza de la Luz del Creador? Y fue sincero en su respuesta. "Así ¿qué os gustó?", pregunta el fraile y añade: "Quizás quieras recibir confesión antes de partir para ir más tranquilo".

Merlín se sorprende y piensa: "¿Una confesión para ir más tranquilo? ¡Esto no me lo esperaba!" Responde en voz alta: "La verdad, es que estamos muy cansados y bueno, hay que prepararse para seguir nuestro viaje". El fraile entusiasmado exclama: "¡Sí! ¡Claro! Hay que prepararse para una buena confesión y entregar todos los pecados. ¡Estoy tan emocionado de escuchar que viene alguien del Oriente. ¡Pláticas nuevas!"

Prosigue: "Aquí, en realidad no tengo nadie con quien platicar. Los aldeanos me miran con tanto miedo que no puedo platicar. Bueno, pero están cansados. Les llevaré a sus dormitorios. Verán que el lugar es bastante amplio y si los corredores son amplios, los aposentos son confortables y podrán disfrutar de su merecido descanso".

Mira a los jóvenes Merlín y en lengua nativa les indica que se quedarán allí a dormir. Los adeptos se miran unos a otros y afirman con la cabeza. Siguen al hombre de túnica café que los va colocando por separado a cada uno. Todos están temerosos. Ven que los cerrojos están por fuera y por dentro de las puertas y se sienten atrapados pero confían en su Guía. Así que hacen lo que les indica el fraile.


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