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Del Archivo

de Merlín

 


Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

* La Maldición del Mal del Santo

* Sanación del Fuego y el Agua

Merlín se encuentra en una pequeña aldea en la que ha sido bien recibido. El lugar está ubicado lejos del reino y de cualquier vestigio católico. Los aldeanos conservan sus costumbres y están contentos de que haya llegado un Mago con ellos, ya que desde que los católicos llegaron a pasar por el pueblo, devastaron a los guías.

Siendo este lugar poco accesible para la vida y extremadamente pobre de tierra, la geografía les defendió de la invasión. Así que, en este lugar lejano, Merlín está libre de la persecución y se establece en el Oriente de la aldea, ligar que le otorgan los druidas para sus trabajos.

El Maestro ha enviado a unos discípulos al encuentro del resto de los Hermanos que se encuentran cerca del sitio, para indicares que ha encontrado un lugar adecuado para elevar el Templo.

La zona se encuentra subiendo la montaña, en donde se haya una cueva, lugar en donde empiezan a trabajar para acondicionar su zona de vivencia.

Ahora, los aldeanos se sienten protegidos porque si se habían llevado al Guía, hoy, los dioses les había enviado ¡no solo uno sino a muchos Guías! Merlín comenta con los jóvenes: "Es nuestra responsabilidad darle servicios a nuestros anfitriones. Servicios de sanación y curación y debemos entregarnos con gozo a ellos".

Dice en un tono adusto: "Miren lo que miren ¡no hagan juicios, solamente sirvan!"

Se ha corrido la voz en los lugares distantes en las inmediaciones, de que hay un Mago en la aldea y por ello, hoy se observa una larga fila de personas que buscan ser atendidos por los jóvenes. Todos están emocionados por su servicio y no ha habido dificultades para realizar los trabajos.

Merlín, en tanto, los espera para que les indique la forma de despojarse de las cargas negativas que al auxiliar a otros personas pueden quedarse en ellos adheridas.

Al concluir los adeptos el servicio del día, se reúnen con su Maestro quien con una profunda sonrisa de satisfacción, les recibe. Expresa: "Bienvenidos mis Maestros. Ahora que han terminado hay que despojarse para que vuestro campo no se contamine y puedan mantenerse en armonía" y les indica:

"Primeramente deben de trabajar de píe, respiraciones de expansión, o sea, respiran profundo contrayendo el cuerpo para generar una tensión dinámica sobre el sistema circulatorio, aguantando la respiración lo más que puedan. Cuando exhalen, con las manos en el plexo uniendo los pulgares e índices, se forma una pirámide que, al exhalar, avientan hacia el exterior, separando las manos. ¡Con fuerza! Respiran y repiten el ejercicio siete veces".

Observa como se entregan los discípulos al ejercicio y explica. "Desconectamos Mente, Videncia y formas de pensamiento ajenos a nuestro campo. Giramos la cabeza, lentamente, a que quede el círculo de la flexión, o sea que al girar la cabeza presionan con hombros la nuca y la espalda, pecho y la barba, con fuerza. Siete veces para un lado, siete veces para el otro".

Apunta que "con esto liberamos presencias indeseables".

Se detiene unos segundos y señala: "Ahora, vamos a respirar profundo, contrayendo piernas, sosteniendo la tensión y la respiración lo más que aguanten con los puños cerrados y al soltar el aire, relajamos todo el cuerpo. Es igual el número; siete veces. Desprendemos bajas vibraciones y larvas astrales".

Indica, luego que "hacemos un círculo de fuego para sacudirnos y al mismo tiempo transmutar nuestro campo dimensional que se conoce como aura o huevo astral. Al hacer el círculo se dice: Este es el fuego de la transmutación del fuego violeta que, limpia, sana y purifica mi alma y se mantiene encendido hasta que quede perfectamente limpio y brillante como el mismo sol de mi Padre".

La oración continúa. "Angeles de la transmutación, libérenme de toda presencia y maldad ajenas a mi causa. Y limpien y sanen mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Es una petición de amor, noble y justa".

Merlín aprovecha para indicarles: "En ocasiones, mi Hermanos, ustedes van a ser atacados directamente por las maldiciones de otros brujos, ya que existen daños que viene con la maldición del santo, o sea, que la persona está impedida para ser curada y aquel que se atreva a hacerlo, está condenado a pagar el acto".

Aspira profundo y les dice: "Pero, recuerden mis Hermanos, que Dios es ilimitado. Y si ustedes ven a este hermano dañado con el mal del santo, no lo vean a él sino a la Presencia de Dios en él, atrapada por la maldad y que al unirse en el Poder de la Divina Presencia, ¡tocan el infinito de tal manera que es más grande su poder que la misma maldición!"

Pregunta: "¿Qué es lo que deben de hacer las personas que tienen este tipo de maldición?" Y rápidamente responde: "Les harán un círculo de sal y luego un círculo de tierra y entre la sal y la tierra pondrán ramas secas de pirul, yerbabuena, salvia y canela y les prenderán fuego con un poco de alcohol en que bañaron anteriormente las yerbas".

Menciona que la persona a la que se está liberando debe de repetir en voz alta. "Este es el Fuego Sagrado de la Transmutación de la maldición que ahora traigo, la liberación es la que salvo. ¡Por el Poder del Fuego Sagrado, se quema, se destruye y se desbarata y dónde quiera que me encuentre, a dónde quiera que esté en esencia, se transmuta la maldición, se lleve a su lugar!"

El liberado prosigue su oración: "Así se mantiene encendido hasta que los ángeles de la transmutación limpien, sanen y liberen mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. ¡Así es y así se cumple! ¡Dios es el dueño de mi camino, por hoy y siempre! ¡Dios es mi Protector y Proveedor en mi destino, por hoy y siempre! ¡Dios es en mí, su Divina Presencia! ¡Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo! ¡La Gloria de Dios es la Gloria ahora de su hijo!"

Merlín les explica que "con esto, mis Queridos Hermanos, ustedes pueden liberarse de este daño ya que las Leyes Universales son siempre equilibrio en el dar y el tomar. Para nosotros, todo aquel que se cruza para pedirnos auxilio debe de ser más allá del bien y del mal, o sea, que no debemos de juzgarlo, simplemente ayudarlo a sanar su mal".

Menciona que "pueden encontrarse casos en que no alcancen a discernir entre lo propio y lo ajeno de las personas porque las emociones del enemigo son similares, ¡tanto le odian como él también odia! Y deben de hacerle ver que su odio retrasará su sanación. Deben ayudarle a entrar en la reconciliación y el perdón".

Les advierte: "no deben de involucrarse emocionalmente con ellos, porque entonces, estamos tomando partido y, Dios nuestro Padre no toma partidos. ¡Su Justicia es Equilibrio! Así que no deben dejarse arrastrar por las emociones porque quedan susceptibles a los campos negativos del enemigo".

Merlín prosigue: "Debemos de mirar con amor, escuchar con amor y guiar con firmeza y con amor, de esta manera se verán más protegidos".

Explica que existen otros daños "que están hechos con invocaciones inversas y que provoca, al curar, que la persona se sienta más mal cada vez. Este tipo de daños son difíciles porque se pierde la visión de los hechos, ya que entre más los curan más mal se ponen. No deben de amedrentarse sino que deben mandar baños de purificación y alimentos ligeros que favorezcan a la digestión".

Precisa que los baños "deben ser de flores blancas, ya que siempre ayudan en estos casos y estando limpio el estómago pueden trabajar con la energía de la persona sin mortificarle tanto".

Indica que el hermano que realiza los baños debe acompañarlos de una oración en voz alta: "Como agua de río es en mí la Presencia de Dios que cura y lava mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Y por el Poder del Agua Sagrada del Jordán que liberó a los Hijos de Dios de la esclavitud, así cae en mí, ahora, la Protección de Dios, arrasando y destruyendo la maldición".

La segunda parte de la oración es: "Y así se mantiene hasta que mi cuerpo, mi alma y mi espíritu se vean limpios y sanos. Angeles de la transmutación, ¡venid a mí! ¡Auxilio! Y llévense toda esta maldad a la Justicia de Dios. Ahora, Dios es mi Protector. ¡Dios es mi Salvador! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Por siempre, así sea!"

Merlín les dice: "Recuerden que la espada de liberación más poderosa que existe, es el don del Poder de la Palabra que llevado con fe en la oración, logra destruir la maldad, así que deben de repetir con firmeza, serenidad y fe en el Poder de Dios, llevado a ustedes en el momento de la oración".

Indica: "¡Cuánto más crean en este Poder, más fuerte será la Luz del resguardo de la protección del Amor Divino!"


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