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Del Archivo

de Merlín

 


Por Mario Luis ALTUZAR SUAREZ

* El Mensaje Subliminal del Salvajismo

* La Influencia Emocional de los Alimentos

En la cocina del Monasterio de Merlín, los encargados de preparar los alimentos limpian los vegetales en un animado bullicio y el ruido de los trastes. Mientras llevan a cabo su labor, les es permitido platicar siempre y cuando no exista la orden del silencio.

Eric y John, dos jóvenes adeptos que están en el servicio de lavar los trastes de la comida de la Hermandad, intercambian sus experiencias: "Desde que entré en este lugar, no he probado la carne. ¡La dieta de vegetales es buena, pero desconozco la causa para que se aplique tan rígidamente!", dice Eric.

John responde que en la misma situación se encuentra y expresa: "Lo que ha llamado más poderosamente mi atención, es que el menú siempre tiene una disposición en relación directa a los colores". Eric concede y añade: "¡Cierto es el punto que mencionas! Pero, ¿no te pasa algo raro cuando nos toca comer todo rojo? A mi me irrita mucho".

Responde: "A mí el rojo no me provoca disgusto, en cambio ¡cuando nos toca el amarillo, siento una nostalgia que ignoro su causa!" Eric comenta que "a mi me agrada más cuando nos toca una dieta de colores combinados". Hacen una pausa y John pregunta: "¿Qué color nos toca hoy?" Y escucha a su interlocutor: "¡El verde! Hoy comeremos sopa de espinacas, verdolagas encebolladas con tortas de chícharos y fruta verde con agua de alfalfa".

Agrega: "¡Ojalá para la noche nos hagan pay de limón!" Se hace una leve pausa en la conversación y John señala: "Se oye bastante atractivo". Eric apunta que "cuando le toca al Maestro Ralph la dirección de la cocina, el menú es agradable, pero si le toca al Maestro Merlín ¡entonces nos tiene con todo prácticamente crudo! No se diga con el Maestro Irvin, a él le gusta la comida dulce".

El comentario de respuesta es lógica: "Los tres deberían hacerlo al mismo tiempo y así sería bastante variado" y se ríen de su conclusión.

La charla animada es interrumpida por la aparición de Irvin. El Maestro ya no es el joven inexperto de años anteriores. La Enseñanza y las experiencias vividas con el Mago le han llevado a madurar y observa a los jóvenes adeptos, con agrado ya que le recuerdan su adolescencia. "Pareciera que fue ayer!" comenta en su interior.

Sus pensamientos le remontan cuando comenzó a compartir su vida con Merlín. "¡Ah! ¡Cuánto repelaba por la comida! Hacía un gran esfuerzo por ingerirla porque después de unos días de la dieta de vegetales, la rechaza uno inconscientemente. Es lo mismo que sienten ahora mis Queridos Hermanos" y deja sus pensamientos al acercarse a los Aprendices para preguntarles: "¿Tienen idea de por qué no comemos carne?"

Los dos interrogados se sorprenden por la pregunta y responde que no al momento de mover la cabeza. El Maestro les indica: "¿Les gustaría saber?" La respuesta es inmediata: "¡Claro que sí, Venerable Maestro!" Todos los demás Hermanos al oír el intercambio de expresiones, guardan silencio para poner atención a las explicaciones mientras siguen con sus labores.

Irvin es joven aún, pero los siete años en compañía de Merlín le ha permitido llegar al Primer Grado de Maestro. Comienza su disertación: "Los humanos no tenemos los dientes como las fieras que comen carne y sin embargo hemos heredado la necesidad de buscar métodos para consumirla. ¡Y no es que sea desagradable! En realidad es sabrosa".

Prosigue: "Pero si fuera la naturaleza humana carnívora, su dentadura lo sería también. La textura de la carne entre el ave y un cerdo, por ejemplo, son muy diferentes. La carne del ave es blanca y la del cerdo con tendencia rojiza. Cuando ustedes observan la sangre, es como símbolo de salvajismo".

Los mira detenidamente y al comprobar que tiene toda la atención del auditorio, expresa: "Entonces, si comemos la carne roja se transmite el mensaje subliminal de salvajismo al subconsciente que nos hace salvajes al mismo tiempo, porque así se registra en la mente. Además, de la forma de atrapar la fiera a su presa, es de asechanza, persecución, y ¡de muerte!"

Hay una razón comprensible: "Las fieras no usan herramientas como los seres humanos. ¡Es con sus garras como atrapan a su presa! Y sin que nos demos cuenta, cuando comemos carne, sobre todo las rojas, el mensaje, si nos damos cuenta, es bastante fuerte. Y esto, al mismo tiempo, repercute en nuestro carácter o comportamiento".

Ofrece un ejemplo: "Si comiéramos solamente ave, el mensaje subliminal que se recibe es el de las alturas, el volar. Es muy suave, es pacífico ya que éstas muestran un comportamiento no es tan agresivo como los carnívoros". Un joven interrumpe al Maestro: "Pero, Venerable Maestro, ¡las águilas comen carne!" Otro se suma al comentario: "¡Los buitres también, Venerable Maestro! Y no se diga de los buitres".

Irvin responde: "Cierto es que algunas aves comen carne. Las que ustedes mencionaron y las gaviotas, los pelícanos que comen pescados".

A la expresión del Maestro, otro joven ironiza: "¡No! Creo que estamos amolados. Las gallinas comen gusanos y lombrices. Pican todo lo que se encuentran entre las piedras".

Concede Irvin: "¡Sí! Es cierto que la dieta de las aves tiene esa base, pero las aves son menos salvajes en su cacería: Los buitres llegan después de que el animal agoniza o muere, mientras no le atacan. ¡Son pacientes! Pero, mis Queridos Hermanos, nosotros no comemos buitres".

Les invita a los adeptos a que se imaginen a los animales y al mismo tiempo que sientan como si fueran ellos mismos, que se imagen que es un león, por ejemplo: "El efecto sobre la mente es la de agresividad, la de sentirse una fiera ¡porque es la imagen que registra la mente! Si se imaginan una águila o cualquier otra ave, les envolverá la sensación de volar tal y como lo tiene conceptualizado la mente".

Menciona que el inconsciente también reacciona sin que ellos se den cuenta en el estado de ánimo. Comenta que "entonces, el efecto tóxico de la carne no es tanto por las substancias que libere la carne en sí por su tiempo de putrefacción, ya que cada vez que se comiera carne se enfermaría el organismo. De alguna manera lo transforma, almacena y elimina".

Levanta el índice derecho y señala: "lo que realmente es negativo de consumir carne y es la causa verdadera por la cuál no la comemos, es el mensaje oculto que nos transmite. Esa es la razón. Si ustedes se han dado cuenta, llegamos a consumir aves pequeñas como codornices o pichones, pescado, que en realidad no lo requerimos".

Precisa: "Si han observado al Maestro Merlín, aquellos que han podido hacerlo, él, cuando ha ido al Palacio come carne. Pero Merlín es Merlín. ¡Él gobierna su subconsciente y su consciente y esto ya no le afecta! Pero a nosotros que todavía no tenemos Consciencia aún, sobre el gobierno de este tipo de mensajes, nos vemos indefensos y reaccionamos sin que nos demos cuenta".

Irvin mira con satisfacción el interés despertado en los adeptos y menciona que "con los vegetales, simplemente llegamos atener reflejos emocionales. El verde es un mensaje muy fuerte para nuestra mente. ¡Es vida! ¡Es grandeza! ¡Es fuerza! Por su relación con el bosque, con los valles. Son los mensajes subliminales, independientemente de que el tono de vibración es el de la salud".

En el caso de los alimentos amarillos, Irvin explica que se obtiene "el mensaje del calor, el nacimiento y el enamoramiento. Está muy relacionado con el sol y la primavera de igual manera, modifica nuestro pensamiento". Su disertación es atajada por la inquietud de Eric: "Venerable Maestro, ¿qué pasa con el rojo?"

Se recibe un mensaje bastante fuerte, dice el Maestro y explica que se le "relaciona con la sangre, el poder y el fuego. Y esto, mis Queridos Hermanos, son algunos ejemplos de los efectos de los alimentos que consumimos. El ser vegetariano no nos minimiza ante el género humano o en relación con las fieras".

"Al contrario. ¡Nos da gobierno, seguridad, y sobre todo, salud emocional! Recuerden que una mente sana puede encontrarse en un cuerpo sano", señala el Maestro.

Un adepto señala que no se trata únicamente del color sino también del sabor a lo que Irvin responde: "Es cierto. En el caso de los alimentos amargos, ayudan a las personas muy irritables si se combinan con tres caramelos y té de boldo. Se evita llegar a una deficiencia hepática o pancreática".

Explica que "las emociones arrastran a los órganos de nuestro cuerpo, ha enfermarse o a funcionar deficientemente. Practicar la Virtud les permite funcionar en armonía, prolongar la juventud y con la generación de amor, se les fortalece. El cuerpo puede autosanarse si renunciamos a la carne por completo, podemos comenzar a ejercer un gobierno de armonía provocado por el subconsciente relajado por la ausencia del mensaje subliminal del salvajismo".


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